A diferencia de épocas pasadas, los avances de nuestro presente permiten que cada día haya más oídos dispuestos a escuchar sobre diversidad. O, al menos, los suficientes para desenmarañar parte de los prejuicios que envuelven a las minorías.
Entre los márgenes (de los márgenes) habita la asexualidad: una de las orientaciones sexuales que mayor confusión genera en la población. El término agrupa a quienes no sienten nada o casi nada de atracción sexual hacia otros.
Para aclarar: siempre van a existir instancias en las cuales nuestro deseo desaparezca por estar demasiado cansados, estresados o bajo un estado anímico negativo. Incluso, al punto de preferir comer o dormir antes que desnudarnos. Sin embargo, la asexualidad transita por un rumbo divergente.
La diferencia central es que acá no se trata de una etapa pasajera, sino de un desinterés general por las actividades genitales y el coito. “Simplemente, la persona no experimenta impulsos que la lleven a concretar un encuentro íntimo ni tampoco sufre malestar o padece la situación ya que el sexo figura fuera de su radar de prioridades y necesidades”, explica la orientadora en ESI Andrea Durán Salazar.
Para derribar mitos
1). Entonces, ¿los asexuales la pasan mal en la cama y odian el sexo?
Negativo, considerarnos asexuales no quita que experimentemos placer y nuestro cuerpo reaccione a los estímulos. Podemos excitarnos, eyacular y mantener orgasmos sin problemas.
“Lo que ocurre es que, antes que tomar la iniciativa o proponer, la motivación de los encuentros se focaliza en satisfacer a la pareja, cumplir sus demandas o seguir la corriente de una conquista. Por tal motivo, el sexo se torna quizás en una obligación tediosa”, detalla la profesional.
Sin una correcta comunicación, este pensamiento desencadena luego en los malos ratos (con altas dosis de enojo, ansiedad, culpa e inseguridad).
2). ¿La asexualidad conduce también a rechazar las muestras de cariño y el romanticismo?
Sobre este asunto, Cupido nos pide separar los tantos. La mayoría del tiempo interpretamos al sexo y al amor como una unidad, pero cada uno resulta capaz de subsistir por su cuenta.
“La asexualidad se centra en la carencia de atracción 'carnal' hacia un tercero. No obstante, nada limita nuestro corazón o dificulta sentir afecto. Podemos enamorarnos y querer igual al resto”, recalca Durán Salazar.
3). ¿Es comparable con la abstinencia o el celibato?
Tampoco, ser asexual no implica renunciar al sexo. “La continencia sexual o el celibato apuntan a una decisión tomada en base a un sistema de creencias o por motivos religiosos, socioculturales, médicos, etcétera. Aunque los controlamos y rechazamos, los impulsos existen. En cambio, con la asexualidad no habitan dentro nuestro ni aparecen desde el inicio (grandes) reacciones por dominar”, contrapone la terapeuta Pamela Tolaba.
4). ¿En serio hay gente que jamás siente atracción sexual?
El cosmos de la asexualidad contempla diferentes matices. En algunos casos, la atracción sexual es nula, mientras en otras instancias esta se despierta al sumar una conexión emocional en el paquete o en determinados momentos.
Ecos y contravoces
En el plano académico, la asexualidad marca un punto de controversia entre especialistas. El motivo recae en que la sexualidad es innata al hombre y nos acompaña desde que nacemos hasta los últimos días.
“Por lo tanto, ¿qué ocurre con los asexuales? La duda habilita una reflexión sobre la educación recibida, nuestra biografía, la autoexploración y las represiones conscientes o inconscientes que transitamos”, enfatiza.
En este punto, el principal desafío en los consultorios consiste en distinguir la asexualidad de los cuadros clínicos, ya que la pérdida del deseo implica una disfunción sexual. Además, la libido puede afectarse al consumir fármacos, surgir una baja de testosterona, durante el climaterio y la menopausia o por desequilibrios hormonales.
“Hay investigaciones destinadas a comprobar si la asexualidad implica una orientación o por detrás posee conflictos a tratar. Se han elaborado estudios desde la biología orgánica, la fisiología y lo psicoemocional, aunque con resultados inconclusos”, añade Tolaba.
Lo que vivo
Eugenia M. tiene 35 y es maestra en un jardín de infantes. Al resto de los datos prefiere mantenerlos en el anonimato.
Su historia arranca en la adolescencia, con las primeras salidas en grupos mixtos. “Recuerdo que mis compañeras se desvivían por presumir, leer revistas con tips de seducción y buscar datos relacionados con perder la virginidad. Nada de lo que ellas compartían me despertaba curiosidad y el contraste entre sus gritos y mi calma era evidente”, relata.
Tras cinco noviazgos fallidos llegó el ingreso a la universidad. “Las experiencias eróticas que mantuve con esos chicos nunca fueron malas y tampoco me sentí forzada a acostarme. Lo que sentía más bien era una especie de apatía; una desconexión con el cuerpo que impedía concentrarme. En plena penetración llegué hasta a pensar en la limpieza del departamento o las compras del súper”, acota.
Salvo algunas observaciones que la tildaron de frígida, la intimidad de Eugenia continuó sumergida por varios años en ese ciclo. “A los 25 arranqué terapia para superar un duelo familiar y dio la casualidad de que la profesional era sexóloga. Un año después, me animé a confesar esa procesión interna y gracias a sus palabras logré descubrirme”, rememora.
A la fecha, apenas le confesó su orientación a tres amigos y a su esposo. “Mi silencio es una respuesta defensiva ante la crueldad de la sociedad. Sigo en redes sociales a varios movimientos LGBTIQ+ y los foristas son nefastos. Me duele toparme con mensajes que tildan mis preferencias de cosas raras, tonteras de millenials, moda pasajera o una enfermedad que requiere atención médica”, confiesa.
Símbolos
Referencias y visibilización
Desde 2010, la comunidad asexual posee su propia bandera identificatoria a nivel internacional. Esta surgió tras un concurso llevado a cabo por la Red para la Educación y Visibilidad de la Asexualidad (AVEN) y consta de cuatro franjas horizontales. Sus colores representativos son el negro, el gris, el blanco y el violeta. También hay miembros que utilizan un anillo negro en la mano derecha para reconocerse entre sí. En el ámbito informal, la asexualidad suele asociarse a imágenes de una porción de torta. El motivo involucra un chiste interno para describir que “antes que mantener relaciones sexuales, resulta más atractivo comer un postre”.